Por Arash Azizi para The New Arab

El principal científico nuclear de Irán, Fakhrizadeh, fue asesinado en las afueras de Teherán el viernes pasado [Getty]

Comentario: Biden tiene mucho trabajo por delante, pero debe enfrentarse a los belicistas y formular una política de paz para Irán y la región, escribe Arash Azizi.

Cincuenta días. 

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Eso es lo que queda del mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El período de ‘lame duck’ (N.d.T.: se denomina ‘pato rengo’ a alguien en un cargo electivo que se le está terminando su mandato) puede convertirse en un drama político cuando los líderes intentan poner las notas finales a su legado. La mayoría intenta lograr algo positivo. 

En 2001, Bill Clinton intentó en vano acelerar un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos en los últimos días de su presidencia. Pero como Trump es quien es, la mayoría de nosotros estamos preocupados por los desastres que pueda causar. El principal de ellos es el enfrentamiento con Irán. 

El asesinato del viernes de Mohsen Fakhrizadeh, el principal científico nuclear iraní, confirmó los peores temores. El annus horribilis 2020 comenzó con el imprudente asesinato del General Qassem Soleimani, el líder militar más conocido de Irán, que llevó la tendencia #WorldWar3 a las redes sociales, con lo que refleja una verdadera sensación de preocupación en todo el mundo. Ahora, en el crepúsculo del año, tenemos otro provocador homicidio. 

Todos los indicios sugieren que esto fue orquestado por Israel, lo que significa que el Primer Ministro Benjamin Netanyahu creía que podía usar la ventana del ‘lame duck’ para salirse con la suya. Muchos creen que su objetivo era estropear preventivamente las posibilidades de Estados Unidos de volver a la vía diplomática con Irán. Según un informe publicado la semana pasada por The New York Times, Trump había considerado atacar a Irán antes de que su gabinete lo disuadiera de hacerlo. 

El sector que se opone al asesinato como provocación ha sido impresionantemente amplio. El columnista del Washington Post, David Ignatius, lo condenó como una ‘provocación peligrosa’ y sostuvo que “se deben considerar soluciones diplomáticas, en lugar de militares”. Incluso Emiratos Árabes Unidos, que han sido amigos de Israel desde que firmaron un tratado de reconocimiento durante el verano, condenaron la medida como un ‘crimen’ y pidieron “la mayor moderación posible”. 

El liderazgo iraní ha hecho oír su voz respecto a las acciones que tomará para vengar la sangre de Fakhrizadeh. Pero sus instintos de supervivencia probablemente se beneficiarán de él y se verá restringido en su respuesta inmediata. 

El interrogante, entonces, es el efecto del asesinato en los próximos esfuerzos diplomáticos. En esta cuestión, el giro y el análisis son casi inseparables. Los partidarios de la diplomacia señalarán, con razón, que los asesinatos refuerzan el argumento de la línea dura en Teherán que sostiene que no se puede confiar en Occidente. Los partidarios de Trump afirmarán que cualquier golpe contra Irán le dará a Estados Unidos ‘influencia’ en futuras conversaciones. 

Lo cierto es que la política sobre Irán será un duro obstáculo para la próxima administración de Biden y cualquiera que finja lo contrario es ingenuo. En Irán, Estados Unidos se encontrará con un régimen recalcitrante, profundamente herido por la política de ‘máxima presión’ de Trump y sumido en una crisis total. 

Existe una gran diferencia entre el Irán de 2021 y el Irán de 2013-2015, que negoció y firmó el acuerdo nuclear. La facción representada por el presidente Hassan Rouhani, que lucha por poner fin al aislamiento internacional de Irán y mejorar las relaciones con Occidente, ha sido severamente debilitada. Ha sido aislada en la cima y perdió su base social, ahora que el promedio de los iraníes están hartos de la incapacidad de Rouhani para cumplir sus promesas de campaña. 

Al debilitar severamente a la facción proconversaciones del régimen iraní, así como alentar la política del bloque y una carrera armamentista en la región, el apoyo ridículamente unilateral de Trump (incluso para los estándares estadounidenses) al gobierno de derecha en Israel ha hecho a Medio Oriente mucho menos seguro. 

Para superar este legado tóxico, la Administración de Biden debe ofrecer una política de paz audaz y vigorosa para la región. Debe ser una política coherente que tome en cuenta todos los conflictos de la región y la compleja relación de Estados Unidos con sus aliados y socios. 

El nuevo equipo de política exterior estará encabezado por diplomáticos experimentados como Tony Blinken como Secretario de Estado y Jake Sullivan como Asesor de Seguridad Nacional. Ambos son firmes partidarios del acuerdo con Irán de 2015, pero no albergan ilusiones ingenuas sobre el régimen iraní. Deberían comenzar a hablar con Irán a través de canales indirectos y buscar enérgicamente un regreso a las conversaciones desde el primer día en el cargo. 

Si los estadounidenses pueden iniciar negociaciones serias antes de las próximas elecciones presidenciales iraníes del 18 de junio, el futuro del poder en el régimen iraní puede verse afectado. 

Las negociaciones no serán fáciles. Estados Unidos ha impuesto a Irán las sanciones más duras de la historia, lo que, presumiblemente, debería darle mucha influencia. Pero esto también ha llevado a Jamenei a concluir que su régimen podrá resistir todas las presiones, puesto que es difícil imaginar un régimen de sanciones más severo que el actual. 

Esta decisión no es sólo suya. El líder de 81 años estará bajo la presión de elementos de línea dura de su guardia pretoriana, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC por sus siglas en inglés). La Guardia es, por mucho, la fuerza más poderosa del país y espera heredar el poder después del deceso de Jamenei, y que comenzaría con el triunfo en las elecciones del próximo año. 

Pero las voces en Irán claman por la paz. Luego del asesinato de Fakhrizadeh, muchos criticaron al IRGC por fanfarronear, pero dejar al país expuesto a un asesinato tan complicado. Evidentemente, es mejor acosar a los iraníes comunes y tomar como rehenes a personas con doble nacionalidad, antes que detener a los verdaderos espías. 

Sadeq Maleki, un destacado analista de seguridad, afirmó que Irán necesita poner fin a la política declarada de Jamenei de ‘No a la guerra, no a las negociaciones’. Agregó, ominosamente, que Irán debe elegir uno: si no negocia, tendrá que enfrentar la guerra. En Irán, apartarse de Jamenei sobre cualquier tema es tabú. En efecto, la disidencia de Maleki sobre la política central de seguridad nacional muestra que muchos están preparados para exigir públicamente que Irán haga el mejor uso posible de la apertura diplomática de Biden. Cuando Biden asuma el cargo, esta tendencia irá en ascenso. 

Biden podría facilitar el regreso de Irán a la mesa si ofreciera un levantamiento inmediato de algunas sanciones por motivos humanitarios y de buena voluntad. Esto señalaría claramente el fin de las fallidas políticas de confrontación de Trump. Estados Unidos podría incluso expresar en privado su pesar a Irán por algunas de las acciones de Trump.

Aunque el camino hacia un nuevo acuerdo será arduo, si los iraníes sienten que Estados Unidos es tan serio como lo fue Obama, seguirán el camino. Habrá un impulso popular hacia tal acuerdo, a pesar de la impopularidad actual de Rouhani y Zarif (N.d.T.: Mohamad Yavad Zarif, Ministro de Relaciones Exteriores de Irán). 

Dentro del liderazgo del régimen, también habrá un impulso serio para la desescalada que, incluso, podría influir en la firme oposición de los intransigentes del IRGC y el Parlamento dominado por los conservadores. El objetivo final de tal acuerdo debería ser una versión mejorada del acuerdo de Viena de 2015: limitar severamente el programa nuclear de Irán y mantenerlo alejado de las posibilidades militares. 

Cuando se trata de otras áreas de preocupación de Estados Unidos, Biden debe saber que la mejor manera de contener la agresión regional de Irán será si asegura elecciones libres y justas en Irak el año que viene, y si apoya una reforma del sistema político sectario allí y en el Líbano. Dar apoyo al Primer Ministro de Irak, Mustafa Al Kadhimi, en su intento por afirmar su soberanía contra la influencia iraní, y fortalecer lazos con todas las partes será una tarea especialmente importante y delicada. 

Seguramente, los próximos 50 días estarán llenos de tensión. Pero los primeros seis meses de la administración Biden le darán a Estados Unidos una oportunidad única de revertir las políticas de intensificación y hacer de Medio Oriente un lugar más seguro. 

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Arash Azizi es escritor, traductor y candidato a doctorado en NYU. Es el autor del libro The Shadow Commander: Soleimani, the US and Iran’s Global Ambitions.

N.d.T: El artículo original fue publicado por The New Arab el 1 de diciembre de 2020.

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