Por Claudette Igiraneza para Hummus for Thought

Manifestante estadounidense sostiene cartel: “Educarse sobre el racismo en lugar de sufrirlo es un privilegio” [James Eades/Upnslash]

La acusación de discriminación racial contra gente de tez negra es algo con lo que nadie en Líbano quiere asociarse. De hecho, la mayoría de los libaneses piensan que no son racistas y que no hay racismo en su país.

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Sin embargo, las experiencias de las personas negras que viven, visitan o estudian en el Líbano dicen lo contrario. Más del 90% de los 21 estudiantes africanos que aportaron sus testimonios aquí informaron haber sufrido discriminación racial durante su estadía en ese país.

Una de las principales excusas que dan los libaneses para negar ser racistas, es que Líbano es un país confesional sectario donde sus habitantes solo se discriminan entre sí. Por lo tanto, los negros nunca deberían sentirse mal por ser discriminados y, en cambio, deberían estar agradecidos de que no los maten como en otros países.

Además, para muchos libaneses, el país todavía se está recuperando de los efectos de la guerra civil de 1975-1990. Afirman que la sociedad no ha llegado totalmente a una etapa de confiar en extraños, por lo que elegir discriminarlos es el menor de todos los males.

Aquí presentamos las historias de veintiún estudiantes africanos que han cursado o se han graduado de la Universidad Americana de Beirut (AUB).

Sus historias prueban que el racismo contra los negros prevalece en el Líbano y, mientras la comunidad libanesa siga negando sus comportamientos y sistemas racistas, el país nunca se convertirá en un lugar donde las personas de todas las razas se sientan bienvenidas o aceptadas.

Estas historias fueron recopiladas en una encuesta que se administró a estudiantes subsaharianos en AUB.

En esta encuesta, el 91% de los estudiantes informaron haber experimentado alguna forma de discriminación racial durante su tiempo en el Líbano – tanto en el campus de AUB como fuera del campus -, y el 48% informó haber sufrido acoso o agresión sexual durante su estadía.

Estudiante 1:

Me enfrenté a la discriminación racial y al acoso por parte de los agentes de protección y conserjes de la AUB en muchos casos. Recibí calificativos y declaraciones condescendientes de algunos profesores que piensan que por venir de África, no deberías saber nada. Me enfrenté a demandas sexuales agresivas por parte de un taxista gay mientras viajaba en su auto, porque él pensaba que los hombres negros tienen penes grandes. Intentó detener el taxi en medio del puente, tomar una ruta solitaria y poner en riesgo nuestra seguridad al intentar tocarme. En la calle recibía sobrenombres, a veces por parte de niños. Algunos de ellos me escupían desde lo alto de sus edificios mientras sus padres miraban y hacían oídos sordos a mis pedidos. Los taxistas se detienen habitualmente en medio de un viaje y me piden que abandone sus vehículos cuando encuentran pasajeros libaneses. Esto sucede día por medio. Una sola vez uno de estos pasajeros se negó a que me hicieran esto por ser negro. El resto de las veces, las personas simplemente entran y comienzan a mirarte con mucha pena.

Estudiante 2:

Una profesora me desaprobó deliberadamente, incluso después de haber informado que me encontraba enferma y haber presentado todos los documentos médicos. Aun así, trató mi enfermedad como un problema menor; me calificó con un cero a pesar de haber hecho todo lo que debía. Me enfrenté a ella, le supliqué a pesar de que estaba claro que la entrega tardía de mi trabajo estaba justificada por mis informes médicos, pero ella no quizo escuchar. Otros que faltaron fueron perdonados; yo no. Ella me dijo claramente que tenía la edad suficiente para saber cuál era la verdad, me comparó con todos mis compañeros de clase y concluyó que, a mi edad, no podía hacer eso. Me trató de tal forma que me hizo sentir que no importaba, como si ella pudiera hacer cualquier cosa conmigo por ser negra. Recuerdo cuando ella dio como ejemplo que las personas negras tienen un coeficiente intelectual bajo, aunque me encontraba estudiando en su clase. Constantemente me recordaba lo agradecida que debería estar por encontrarme allí. Muchos la pasan aún peor, pero cuentan que siempre ha sido así, no hay nada que hacer. Otro caso fue con estudiantes, especialmente quienes viven en los dormitorios de la Universidad. Siempre que me cruzaba frente a estas chicas en los ascensores, cada vez que nos encontrábamos,  se giraban para otro lado como si se hubieran hubieran encontrado con un animal. Es malo.

Estudiante 3:

Recuerdo que durante mi primer año en la AUB, se negaban a sentarse a mi lado en clase. Elegía un lugar y las dos sillas a mi lado siempre estaban vacías. Esto hacía preguntarme si olía mal o si había algo más que estuviera mal conmigo. Todo cambió cuando académicamente me iba bien, y entonces los estudiantes comenzaron a hacerse amigos y a sentarse a mi lado. Además, los estudiantes se negaban a trabajar en grupos conmigo y esto afectó significativamente mi salud mental y académica. En cuanto al acoso sexual, una vez un taxista me besó y los hombres libaneses me preguntaron a menudo “cuánto cobraba”: una pregunta que los hombres libaneses hacen a las mujeres negras cuando quieren saber cuánto deben pagar para dormir con ellas. Es una pena que los hombres libaneses piensen que todas las mujeres negras en el Líbano sean prostitutas.

Estudiante 4:

Recuerdo cuando en la piscina de la AUB conocí a un chico que estaba solo en una de las filas. Se suponía que debíamos nadar de a pares y cuando me vio, me preguntó si podía esperar hasta que él terminara. Me negué a esperarlo porque no tenía tiempo. Después de eso, cuando se dio cuenta de que yo había entrado a la piscina, él salió. Me sentí discriminada racialmente porque el chico se negó a nadar en la misma piscina que yo por ser negra. El segundo incidente que tuve fue en Burj Hammoud, con mi peluquero, cuando un muchacho vino hacia nosotras gritando y tocando sus partes privadas mientras nos llamaba,“Afrikia ven, ven”, mientras señalaba sus pantalones. Me sorprendió que la gente alrededor solo se riera y que no hiciera nada para detenerlo.

Estudiante 5:

Mi historia es una serie de cosas que me sucedieron en clase y me causaron depresión. La primera clase que tuve, el profesor me pidió que compartiera asientos con una compañera porque no tenía una computadora portátil. Al día siguiente, cuando fui a sentarme junto a ella nuevamente, ella se cambió de asiento. Lloré pero gracias a Dios conseguí una laptop días después. En segundo lugar, mis compañeros crearon un grupo de WhatsApp separado para la clase donde no estaba incluido como el único estudiante negro. Además, a veces, esta chica se dedicó a hacerme la vida imposible. Puso a la clase en mi contra. A veces los atrapaba difamándome. Otras veces, me presentaba en clase e intencionalmente me hacían quedar mal. Para empeorar las cosas, la mayoría de los profesores ignoraban la discriminación. También, un profesor me dio malas calificaciones basándose en los comentarios de alguien con quien nunca había trabajado. Otro profesor me dio malas calificaciones por tener malas interacciones con el resto de la clase. Pasé la última semana de mi semestre tratando de explicar a los profesores por lo que estaba pasando y luchando por mis notas. Esto afectó mi salud mental. Solo agradezco a Dios que terminé y aprobé. Solo sé que en esos días, lloraba siempre que pensaba en eso. Las clases fueron muy estresantes. Estaba feliz cuando comenzó la revolución libanesa de octubre porque ya no tendría que ver a mis compañeros de clase.

Estudiante 6:

Recuerdo que un día estaba con mis amigos africanos y fuimos a visitar a uno de nuestros amigos al Centro Médico de la AUB. Cuando llegamos allí, nos detuvieron. No nos dejaron entrar mientras otras personas con diferente color de piel pasaban libremente. Hablamos con ellos por un tiempo y un agente de seguridad nos preguntó si éramos estudiantes de la AUB y entonces sí nos permitieron entrar. Realmente me sentí mal y discriminado en ese momento.

Estudiante 7:

Mi peor momento en el Líbano fue durante las compras. No tenía libertad para moverme de un pasillo a otro porque siempre había alguien detrás de mí para vigilarme, solo para asegurarse de que no robe nada. Solo porque soy negro.

Estudiante 8:

El caso de discriminación más reciente que me ocurrió fue en el aeropuerto cuando volaba de regreso a casa para mi práctica universitaria. Me había olvidado la laptop en la casa. Entonces, me apresuré a salir después de hacer el check-in, cuando el agente de seguridad me dice que no podía irme a menos que mi patrona estuviera allí. Soy obstinada. Lo regañé y me fui; no dejo que la gente me desanime.

Estudiante 9:

Cuando llegué a la AUB, mi primera compañera de cuarto era árabe, de Egipto. No estaba feliz de que su compañera de cuarto fuera negra. Ella mostraba señales de que no estaba contenta de compartir conmigo y que tenía que buscar otra compañera de cuarto. Además, en clase cuando teníamos que trabajar en grupo, mis compañeros no querían hacerlo conmigo. “Quizás pensaron que los negros no somos inteligentes; así que no querían arriesgar sus calificaciones trabajando conmigo”. Una vez, formé pareja con una compañera de clase para trabajar y pude ver que a ella le costaba comprender el material. Cuando le pregunté si podíamos pedirle más tiempo al profesor para terminar el trabajo, ella me preguntó: “¿quieres que empiece a enseñarte?”. Creí que le estaba haciendo un favor y, en cambio, ella pensó que yo era incompetente para trabajar con ella.

Estudiante 10:

Me llamaban “chocolate” con frecuencia fuera del campus. Además, mis colegas y yo, a menudo éramos detenidos en la puerta de la AUB y en el gimnasio cada vez que pasábamos, mientras que a mis amigos blancos nunca se les paraba en la entrada o en el gimnasio. También, con frecuencia fui ignorado por los estudiantes libaneses.

Estudiante 11:

Un policía una vez me agarró el trasero, y esta ha sido mi pesadilla durante mi tiempo en el Líbano.

Estudiante 12:

Quiero hablar sobre el uso del idioma árabe en las aulas de la AUB. Como estudiante extranjero, me ofendía las veces que los profesores enseñan en árabe siendo conscientes de mi presencia y falta de habilidades para hablar en árabe. Aunque la AUB ha puesto tales comportamientos en una zona gris, sigue siendo un problema.

Estudiante 13:

Enfrenté discriminación racial principalmente con mis compañeros de clase; a ellos no les gusta trabajar conmigo siempre que tenemos tarea grupal porque soy negro.

Estudiante 14:

Fui de compras y un blanco se acercó y me preguntó si quería un trabajo como empleada doméstica. Respondí con un no, pero él siguió tratando de convencerme. El hecho de que la mayoría de las mujeres negras en el Líbano sean trabajadoras domésticas migrantes, no significa que las mujeres negras no puedan ir a las universidades.

Estudiante 15:

Entré en un centro comercial después de la iglesia para comprar algunos artículos y cuando llegué a la caja me preguntaron, “¿quién pagará, dónde está su patrona?” Me decepcionó porque lo único que los libaneses piensan cuando ven a una mujer negra es que es una trabajadora doméstica migrante que vive a merced de su señora. Los libaneses no piensan en las mujeres negras como mujeres que pueden vivir libremente o pagar cosas caras.

Estudiante 16:

En el gimnasio de la AUB, fui manoseada, acosada y recibí comentarios inapropiados de estudiantes y del personal.

Estudiante 17:

Me enfrenté a insultos raciales, criminalización y acoso.

Estudiante 18:

Me enfrenté a prejuicios raciales por parte de la Seguridad General del Líbano al solicitar mi permiso de residencia.

Estudiante 19:

Con frecuencia me dicen cosas en árabe para hablar sobre mi cuerpo.

Estudiante 20:

Si pienso en la discriminación y el racismo por los que pasé en el Líbano, eso traerá una experiencia traumática a mi memoria. Ya completé mis estudios y me mudé a mi país de origen, ya no quiero pensar en eso.

Estudiante 21:

Cuando me hospitalizaron en el centro médico de la AUB, una mujer se negó a compartir una habitación conmigo porque yo era negra y pensó que era una trabajadora doméstica migrante.

Estas historias de estudiantes de la AUB se suman a los trágicos incidentes de racismo, homicidios y suicidios que enfrentan cientos de trabajadoras domésticas del África subsahariana. El Líbano alberga a 250.000 trabajadoras domésticas migrantes, provenientes principalmente de países del África subsahariana y Asia. Además de encontrarse excluidas de la legislación laboral libanesa – por el sistema Kafala – y trabajar en condiciones brutales, estas mujeres con frecuencia enfrentan discriminación racial, agresiones y hostigamientos que van desde lo físico, lo psicológico hasta lo sexual. De hecho, Human Right Watch informa que cada semana mueren de 1 a 2 trabajadoras domésticas migrantes, como resultado de homicidios y suicidios provocados por sus condiciones de vida y de trabajo.

Por lo tanto, es hora de que la sociedad libanesa admita que tiene un problema de racismo profundamente arraigado contra las personas de origen afro, si busca acabar con el racismo por completo. Las personas negras en el Líbano no han sido de ninguna manera conspiradoras ni la causa de los problemas sociales y políticos del país, como a menudo se ve reflejado en la desconfianza socioeconómica y religiosa. Resulta hipócrita de parte de la sociedad libanesa olvidar que durante la guerra civil, muchos libaneses buscaron refugio en países africanos, vivieron y prosperaron allí entre su población; y continúan beneficiándose del comercio de los recursos de nuestro continente, enviando a veces remesas al Líbano. Sin embargo, el Líbano no ha logrado abolir el sistema de Kafala, un régimen de patrocinio que ha perpetrado una forma de esclavitud moderna y borra todo reconocimiento al rol que las trabajadoras domésticas juegan para mantener la estabilidad de muchas familias libanesas, criando a la próxima generación. Es en estas mismas familias que los niños socializan las prácticas racistas contra las trabajadoras domésticas negras como parte del mantenimiento de la identidad libanesa. Al mismo tiempo, se les demuestra que para lograr el ascenso social, deben practicar algunas formas de blancura y consumismo. Ellos luego se convierten en estudiantes, profesores, guardias de seguridad, limpiadores, taxistas, etc., personas con las que estos estudiantes africanos negros se encuentran en las calles o en ciertos espacios donde se manifiestan los casos relatados en los testimonios e historias anteriores. ¡Líbano y los/as libaneses/as necesitan mejorar!

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Claudette Igiraneza es estudiante en la Universidad Americana de Beirut, cofundadora de Solace for Somaliland Girls Foundation, e integrante de The Resolution Project, Millennium Campus Network y Clinton Global Initiative University.

N.d.T: El artículo original fue publicado el 29 de Junio de 2020 por Hummus for Thought.  

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